lunes, 23 de abril de 2012


En nuestro mirardiferentes puntos
de vista.

Agustín Fernández Mallo, al mostrarnos su modo de trabajar el martes 17 de abril, caracterizó plenamente la figura del artista: alguien susceptible de contemplar su entorno desde diferentes puntos de vista, capaz de crear un mundo interesante, de provocar sensaciones y de expresarlo. Él se refirió, además, a una literatura natural, fluida y transparente.
De todos los trabajos que este escritor nos mostró me gustaría destacar: «los movimientos del agua», pues me pareció muy romántico, pero diferente. En él, entre otras cosas, relaciona la deshidratación de unas tortitas (especiales por su particular forma y textura) con el invierno más lluvioso después de cincuenta años. Mediante una literatura directa y sencilla, su creatividad se encuentra más en lo expresado que en la forma de expresarlo.

A. F. Mallo crea sus “pequeñas” piezas, su obra, su arte, a través de redes llenas de espacio y movimiento, libres de jerarquías y por ello, capaces de conectarse entre sí de forma múltiple; aunque de algún modo y como siempre dentro de una estabilidad que parece estar en relación a su lectura. Este autor habló de un modelo narrativo fundamentado en la analogía y la descontextualización. Una técnica creativa basada en microepifánias que parece no tener fin. Representaciones que van de uno a otro punto conformando un conjunto de redes horizontales o de mismo nivel firmes por sus similitudes.

Haciendo uso de unos grandes ojos marcianoides como si fueran utilizados por primera vez, el creador literario ha de ser capaz de romper con lo tradicional y dar vida a nuevas representaciones metafóricas, nuevas formas de comprender y de sentir.  Pero, no obtante, una vez más, se hace necesario recordar al escritor y buen creador como quien debe tener una amplia cultura para poder hurgar en el mundo y expresarlo, pues de no ser así ¿se puede ser buen crítico y viceversa?

Al hablar del proceso creativo nos topamos con la observación del trabajo realizado por otros, para más tarde, hablar quizá de «apropiación». Sin embargo, la perspectiva de este autor ante la naturaleza creativa como todo, absolutamente todo lo que nos rodea, incluyendo las ideas de otros, hace que comprendamos la posibilidad de trazar una amplia red de influencias detro del propio proceso evolutivo y creativo del ser humano. De no ser «inspiración», esa naturaleza con la que creador modela una nueva obra como alfarero que acude al barro, no existiría la evolución creativa ya que ésta no existe sin influencias por más naturales o menos que las queramos ver. Nuestras ideas nacen del entorno y del aprendizaje y esto nos conduce nuevamente a la famosa frase de que todo es susceptible de convertirse en expresión literaria;  «susceptible de crecer» fue la frase añadida por A. F. Mallo y en ello, su aparentemente fría intención de relacionar ciencia y poesía.
Del mismo modo, que profesor Juan Miguel Campanario hacía referencia al hecho de crecer como investigadores, es posible hablar de crecer como escritores creativos; si un trabajo es relevante será nombrado y utilizado. En esto también se encuentraría la clave de la literatura como un acto más libre, menos competitivo, pues nos encontramos que a diferencia de un trabajo cientifíco, la cita literaria en alusión a las influencias no suele quedar claramente detallada a no ser que exista tal expresión a modo de agradecimiento.
 

            J   J   L   J   J  J   J   J   J    L   J   L  L  J  J  J

                                A veces, como pez nada, solo quietito para observar el giro del colorido globo. Un colorido que aunque lindo sea, enturbiado me parece. No hace falta asomar la cabeza. Sé como de lindo es a pesar de la turbación. Y entonces desde aquí, recuerdo el mísero análisis que los poderosos pero dislocados hacen de él para corformar sus flotantes redes de intereses. Y ni aun cuando se presentan grandes y sonoras las pompas que se extienden por el mar en la superficie cohesionando vivamente con el aire exterior, la claridad es observada por aquellos que en verdad solo son de trapo y babas. Entonces siempre parece que nada se hace desde el mar y que como pez, nada.

                  J   J   L   J   J  J   J   J   J   L   J   L  L  J  J  J


Como gato maléfico, aún saciando su sed con aquella agua, pensaba en arañarla y lastimarla. Ella, hábilmente protegida, no tenía espaldas, pero seguía confiando en el color rosado de aquella lengua que la acariciaba.
            J J L J J J J J J L J L L J J J

viernes, 13 de abril de 2012


Yo lo sé, desde lo bajito, lo he visto. Lo he visto.
El lucernario, a veces, se refleja en la Tierra.

   Es la realidad cuando se disfraza.

martes, 10 de abril de 2012

(Un salón de ambiente luminoso, recargado de muebles y objetos: sofás, sillas, mesas, aparadores,  alfombras…En las paredes: cuadros, títulos, premios, condecoraciones, fotografías… En él cinco personajes dialogan. En una de las sillas hay colgada una chaqueta).
ACTO I
ENCARNA: Paolo, ¿pero no lo sabes ya, que tu tía Encarna…o sea yo, bien te miro?.

PAOLO: Sí, tía, lo sé, aunque sea el pequeño de mis hermanos.

FLAMINIO: Yo, en cambio, tu tío Flaminio… te soy claro, voy a lo grande e importante, no me van las pequeñeces.

ENCARNA: ¡Ah, pulgarcito mío!, ¡mi pequeño!

PAOLO: No me apodan así por andar con los pulgares. El pequeño soy de once.

FLAMINIO: Yo sin embargo, aunque hijo único no soy…ese es un tema que he ido solucionando con todos mis hermanos.

PAOLO: Pero ahora querida familia…puedo decirlo bien alto: ¡Soy bien grande, gentil, inteligente, generoso… pero además…!

FLAMINIO: Eso, que uno mismo se proclame y lo solucione cuando lo piense necesario. 

PAOLO: Pero es que no os lo he dicho… en serio, creedme, ahora soy bien grande.

LUISITA: Primo, siempre eres grande, aunque…no como mi papá.

ENCARNA: ¡Ay, Luisita cuánto quiere a su padre!

LUISITA: Y yo lo grito bien fuerte… ¡Papá…te quiero!

FLAMINIO: A mí siempre me gustar estar y cuando estoy…estar; y cuando no, que hablen.

PAOLO: Yo bien pronto desapareceré como un jovial duendecillo.

FIDELIA: Eso, cuenta, cuenta, que tus aires de grandeza nos tienen intrigados ¿qué te sucede pulgarcito?

PAOLO: Prima, te quedarás patas arriba.

FIDELIA: ¡uy, no sabes lo que hablas, con lo equilibrada y consciente que yo procuro ser!

ENCARNA: Como Dios la trajo al mundo.

LUISITA: ¡Yo sí que de buena nobleza, como mi papito!

FIDELIA: Mejor yo que tú, hermanita, me valgo y me sobro para subirme la autoestima. Pero…la que vale, lo vale.

PAOLO: Que estimación tan amplia, Fidela. Ni consciente eres sabedora de cómo eres en verdad.

FIDELA: Ni que fueras tú de mayor valía, pulgarcito.

PAOLO: ¿No tendrás resentimiento, Fidelia?

FIDELIA: Mi palabra es de gran prestigio y por ello, te digo que no.

PAOLO: ¡Por dinero seguro vendes tu palabra y la boca entera!

FIDELIA: Nadie habla así de mí y menos…alguien…; estando en mi casa.

ENCARNA: Paulo…que estas hablando de Fidelia, y que somos tu familia.

FIDELIA: Eso, pulgarcito, primo querido, y que eres mi invitado.

PAOLO: No los pulgares me servirán para otra cosa. Ya no soy el pequeño Paolo.

FIDELIA: No los chascarás como muestra de ingeniosas ideas, pulgarcito.

PAOLO: Para manejar, prima… manejar dinerito.

FIDELIA: ¡palabras huecas!

PAOLO: ¿quieres que comencemos dicha puja por las tuyas?

FIDELIA: ¿Te crees que yo…tu prima querida, tengo perfidias hacia tu persona?

PAOLO: En verdad…te conozco, y pienso que no.

FLAMINIO: Yo sé que el viento a veces es buen compañero de los pensamientos.

PAOLO: ¡Sonríete, sonríete, tía Encarna, que tienes un sobrino rico… ri-co!
ENCARNA: ¡Ay, señor mío!, ¡esta familia es de locos!

FLAMINIO: ¿y en esta casa cuando llenamos la panza, Fidelia?

PAOLO: Sí, igual, Fidelia, si te alegras por mí, hasta mejoran tus guisos.

LUISITA: Eso pasa cuando aprende de mamá y no de papá.

FIDELIA: ¡que te parta un rayo Paolo!, ¡mis guisos son siempre estupendos y del gusto de todos!

PAOLO: Yo sí que ante todos…mirad ya como brillo y destello.

FIDELIA: Con lo tranquila que yo estaba. Pero… ¿que has creído que eres tú…un diamante embruto?

PAOLO: Y bien guapo, mira, mira que mozo.

FIDELIA: Descompuesto te veo.

PAOLO: Por favor, Fidelia, habla con delicadeza.

LUISITA: ¡Si es que… qué poca dulzura! No me extraña que sea yo de las tres mujeres a la que más quiera papá.

PAOLO: Con muchos vienes me verás, prima. ¡Yo el pequeño de todos mis hermanos! Once, nada menos.

FIDELIA: ¿Tú?, ¿con bienes?, ¡no lo verán mis ojos!

PAOLO: Si y bien compuesto, y con novia; que con dinero tendré el amor que quiera.

ENCARNA: Ninguna lagartona, Paolo, que esta familia es de bien y pronto se arriman.

PAOLO: ¡Eso que se arrimen y me trepen!. No exahalaré ningún lamento. 

FIDELIA: pero si está de pitorreo, ¿no le veis?, ¿no le veis que poco vale?

PAOLO: ¡La mejor virtud, ahora…ser buen pecador!

ENCARNA: ¡ah, qué pronto van a acabar conmigo!, ¡con mi ganas de vivir!

FLAMINIO: Dejadle que viva su momento, que siempre ha sido un desafortunao.

PAOLO: No hay afortunado sin suerte, tío. ¿Cómo crees tengo un décimo premiado, rezando al santo?

FIDELIA: ¿cómo…?,¡Ay, qué me parta un rayo!

ENCARNA: Virgencita, virgencita que tengan los pies en el suelo que van a acabar conmigo.

PAOLO: Ya nadie me dirá pulgarcito, ni aquellos que a simple vista parecían mejores que yo.

FIDELIA: Pues…pues…

PAOLO: ¿Qué, querida?

FIDELIA: ¡Que te faltará el amor verdadero! ¡como el que yo ya tengo con mi querido…!

PAOLO: ¿te refieres a Acelino, Fidelia?

LUISITA: No sabe encontrar un buen marido.

PAOLO: Un mal huésped en tu casa y un soso, ese es. Acelino, Acelino, que te tiene a pan y…

ENCARNA: Sacrilegios… por favor…en esta familia…no… ¡Ay, Dios mío, pondré velas¡

FLAMINIO: Esa es la forma… ¡Yo lo sé!; así, todos sí que hacen caso.

PAOLO: Agua, solo iba a decir agua.

FLAMINIO: No, no es necesario, el agua déjala, déjala, que es muy inoportuna.

FIDELIA: ¡Absolutamente, yo tengo un amor muy valeroso!

LUISITA: ¡ay! …ninguno como el de mi querido padre.
FIDELIA: Pues él me lleva… y también…cuando se puede…

PAOLO: ¡ja,ja,ja!  Sí, te lleva…al fin del mundo. ¿no?, ¿y te compra galletas?
FIDELIA: ¡Que obsceno!
PAOLO: Y tú que…
ENCARNA: ¡Virgencita… no sabe esta juventud!, ¡que te lleve al cine, al teatro…claro!
PAOLO: ¡Ves la tía Encarna sí que sabe a lo que se ha de ir!

FIDELIA: Lo que te hace falta saber a ti es cómo tener un amor y cuidarlo ¿o no?

PAOLO: ¡eh¡ Seré un rico nuevo, pero no tonto. ¡Que aquí el buen querer hasta yo sé valorarlo!

FIDELIA: ¡Qué hombre de poca palabra!

PAOLO: Otra cosa es… que no haya encontrado el apropiado.

ENCARNA: ¿ves como no hay más que lagartonas?

FIDELIA: ¡eso es que no vale dos duros!

                                                                     ACTO II
PAOLO: Ya lo veo…El inmortal y gran Paolo”. No habrá ya quien me pise.

FLAMINIO: Solo con dinero no se pasa a la posteridad, hace falta algo de ingenio y buena chispa.

PAOLO: ¿qué haré con tanto dinero?

FIDELIA: Ser solo apariencia.

PAOLO: ¡Fidela, un traje de oro vestiré, ya verás como es todo lo que reluce!

ENCARNA: ¡Ya tienes un pico de oro, hijo mio!

PAOLO: Con dinero, rápido, lento, como pájaro por el cielo, volaré.

FIDELIA: Y pronto caerás.

PAOLO: Mi vida será, así…de idas y venidas, recorriendo mundo y haciéndolo girar y girar. Sí, iré por el mundo.

LUISITA: ¡Girando y girando!, ¡carruseles!, ¡luces y más luces!

PAOLO: Es la melodía de la vida ¿a que sí Luisita?

LUISITA: ¡Luces y más luces!

PAOLO: Por el mundo… carruseles…

FIDELIA: ¡que te parta un rayo!

PAOLO: Con dinero más poderoso que el propio Zeus.

ENCARNA: ¡Al final será verdad que tronará!

FLAMINIO: ¡Y arderá Troya!

FIDELIA: ¡Pero este...ni partiéndole en dos un rayo valdría más!

PAOLO: ¡Que envidiosa, Fidelia, eso no puede ser bueno!

FIDELIA: Irracional es lo que te pasa, gastando libremente, por ahí, sin pensar. Incluso gastando en aquello que no te gusta. 

PAOLO: Libre e irracional, ¿qué mejor hay?. ¡Una bomba explosiva!

FLAMINIO: ¡tan llamativa como el fuego!

LUISITA: Bum, Bum y fuegos artificiales, ¡qué lindos!, ¡Bummm! 

PAOLO: ¿Quieres que vayamos de compras Fidelia? En algo he de gastar tanto dinero.

FIDELIA: ¿yo?

LUISITA: ¿Iréis a comprar fuegos artificiales?

FLAMINIO: Al fuego, Luisita, todos le hacen caso, todos hablan…causa impresión.

PAOLO: ¡Ay, Fidelia, prima mía, que superficial eres!

FIDELIA: Inferior yo, de cuál, digo… ante quién.

ENCARNA: ¡Haya paz!

FIDELIA: ¡Si es que tiene muy poca vergüenza!

PAOLO: Aunque aún no sé bien que hacer con él, ya me verás con glamoroso vaivén.

FIDELIA: ¡No le soporto!, ¡no valdrá más que yo ni con tal dinero!

PAOLO: Asúmelo, y...concreta, concreta, sino es molestia, don dinero.

FIDELIA: ¡que soez!

PAOLO: Con un décimo bien premiado ¿realista, dirás?

FIDELIA: ¡Ay, no que sé que actriz conocida dijo que la vida es como un gran teatro valorando la excelencia de los actores!

PAOLO: Ya querría decir circo.

LUISITA: ¿Iré al circo Paolo?

PAOLO: En el circo gastaremos el dinero las veces que quieras, Luisita.

FIDELIA: ¡Eso, y a despilfarrar los cuartos tanto como la niña quiera!

LUISITA: Fidelia, si estas a falta de dinero, puedes vender a mamá.

FIDELIA: ¡Entre fieras os dejaba yo!

ENCARNA: ¡Por Dios, por Dios, esclavitud y bestias en esta tierra del señor!, ¡ni el suicidio nos libra de los malos pensares, Dios mío!

FLAMINIO: En verdad, ya...ni creando un mundo consigue uno fama.

FIDELIA: ¿y lo que tiene que hacer una por mantener el suyo?

ENCARNA: (mirando el reloj) Y qué horas. Yo en mi casa ya… lavadora puesta, todo barrido y fregado…

FIDELIA: Sopa se puede comer en este suelo. ¡Qué ya está bien!

FLAMINIO: Hombre el inmobiliario se necesita y cuanto más, más llamativo.

ENCARNA: ¿voy sirviendo la comida? Ya es hora.

FIDELIA: Ye n qué hora. Paolo, también se queda a comer gustosamente. ¿A que sí?

PAOLO: Fidelia, querida, yo igualmente te tengo siempre en cuenta, pero ahora con dinero más.

FIDELIA: ¿Qué otra cosa sino?, somos familia.

PAOLO: Pues eso… ¿qué tú me debes dinero? ¡A la cuenta!

ACTO III

ENCARNA: ¡Piensa bien todo, que bien organizado, sobrino mío, bien obtienes!

PAOLO: Es cierto tía, en el banco no, que pronto lo invierten y luego, no hay para nadie.

ENCARNA: ¡Yo! Yo lo soluciono…cómo es ese dicho…
ENCARNA: ¿El resentimiento es como tomar veneno y esperar que se muera otro?

LUISITA: ¿Al que quiere saber, mentiras a él?

ENCARNA: Luisita.
FLAMINIO: ¿el mejor fuego es el que crece rápidamente?
FIDELIA: (apartándose con Paolo) ¿Dónde has guardado el décimo? Dime.
PAOLO: (en susurro) En el bolsillo derecho de la chaqueta… ¿por?

FIDELIA: ¡Ya recuerdo el dicho: más vale unas pocas palabras a tiempo que cien sin remedio!

ENCARNA: ¡qué excelentes palabras!

PAOLO: Tía, las palabras dichas a veces despiertan ideas contrarias.
FLAMINIO: Excelentes palabras son: incendiar, quemar… y entonces…fama, prosperidad…

FIDELIA: (dirigiéndose a Flaminio y apartándose con él) ¡Bolsillo derecho, chaqueta, boleto, posteridad!

FLAMINIO: (en voz muy alta) ¡Posteridad, fama! (Flaminio coge su cajetilla de cerillas, enciende una de las cerillas, se dirige al bolsillo de la chaqueta, coge un papel y lo quema a ojos de todos).

ENCARNA: ¡Ay, por Dios mío!

PAOLO: ¡Fidelia, no, aquí! (tocando el bolsillo de su pantalón). Que soy el pequeño de once. Que te conozco bien. ¡Así, lo primero es... salvar de ti mis posesiones, lo segundo no probar ya más tu sopa y lo tercero, salvándose uno también, correeeeeeeeeeeeeeeer!

(Fidelia sale corriendo tras Paolo dejando a Encarna, a Luisita y a Flamenio en el salón de su casa)

ENCARNA: Virgencita, virgencita, a mi mejor…déjame como estoy.

LUISITA: ¡Primoooo, como mi padre diría: con dinero en el bolsillo mejor salir del corrillo!

FLAMINIO: ¡Con la quema adelante, ante mí no hay sobrante! ¡Posteridad!¡Posteridad!

TELÓN.

martes, 20 de marzo de 2012


Literatura, creación productiva.

El dramaturgo Fermín Cabal era quien realizaba la conferencia para nuestra asignatura de Escritura creativa II. La presencia una cámara de televisión dejaba patente su largo recorrido en la profesión literaria.

Poniendo epígrafe a su conferencia expuso a modo de consejo y aludiendo a los escritores que no triunfan: —¿Si no sabes torear para que te metes? Así, parecía no existir el aprendiz. Aquellos que desean escribir debían serlo ya de forma innata: ¿escritores que no vuelven sobre lo escrito? Teniendo en cuenta que Fermín Cabal es también profesor de escritura esta expresión remitiría más bien a la dura realidad e imposibilidad para muchos de vivir de su creación literaria. Añadió que era un terreno agradecido si vales para ello, pero contradijo esta perfecta criba al hacer referencia a Miguel de Expronceda recordando la posibilidad de ser aliado de la valía y no del reconocimiento contemporáneo. Absolutamente somos circunstancia.

En su conferencia, sin duda, expuso astutos consejos y comentarios. Tener en cuenta al espectador en una obra teatral, cinematográfica o televisiva y al lector en la edición de un libro, es un buen apunte pues, tras el famoso tiempo de reposo de un escrito, esta intención ayuda al escritor a ser aun más objetivo y crítico situándose por encima de la subjetividad de su propio trabajo. Al plantear la renovación literaria como resultado de una variación concreta, era posible comprender que las grandes novelas con buena intuición pueden ayudarnos a crear otras versiones. Por otro lado, como lo comentó parecía hacer referencia directa al plagio y no tanto al homenaje como resultado de esa influencia. Plantear la literatura a modo de entretenimiento y no como una experiencia básicamente intelectual, era también un miramiento significante, pues así, es sencillo comprender que la novela dramática es generada principalmente a partir de elementos irracionales que rodean al ser humano. Una la escritura que se muestra plenamente como el arte de crear mareas de sentimientos. Pero aunque él dejaba prácticamente a un lado el propósito intelectual del lector, no por ello debemos olvidar la necesidad de que la lectura satisfaga exigencias más amplias. Este miramiento coincidiría con la frase mencionada por este escritor: «las buenas novelas (que) no se examinan de cerca». Así, es posible concretar nuevamente que el escritor y lector lee atentamente. Con los buenos textos, comprendemos que un buen escritor tiene el domino de su escrito para encauzar su pretensión. Fermín Cabal concretó que el dramaturgo realiza una escritura específica puesto que está condicionado por el formato dramático. Un formato que debe claramente dirigirse hacia la negativa y la contrariedad  para jugar con la fuerza de lo convulso, la connotación para sembrar la duda, la cercanía del presente, la expectación del pretérito perfecto, el distanciamiento de lo sociocultural del momento…

Sea cual sea la maña literaria o si el buen escritor obtiene el merecido reconocimiento, prefiero pensar en los escritores como saltadores de charcos salpicando con sus escritos a aquellos que deciden acercarse que pensar en ellos como ansiosos de lanzarse a una piscina llena.



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martes, 13 de marzo de 2012


Monólogo. ¿es que crecí?...No soy un gatillo.

(Una habitación sin más mobiliario que una silla)

Jugábamos. Bajar a las pistas del polideportivo era ya para mí haber comenzado un juego; toda una aventura. Para llegar a estas atravesábamos andando el campo y lo hacíamos siguiendo el sendero. A mitad de camino cruzamos por un puente de madera. Actualmente es de metal y salva el paso de un fuerte caudal no menos que entonces. Cuando el señor alcalde pensó en reconstruirlo la mayoría, sino toda, estaba de acuerdo. Ciertamente, el de madera era más chulo pero en la práctica ya no servía bien. En las pistas de baloncesto hacíamos los bandos, pero antes lanzábamos unos tiros. A mí delante de la canasta no me era difícil encestar numerosas veces seguidas. Cuando encestaba me sentía victorioso. En cambio, a mis amigos y compañeros de escuela, el realizar repetidamente acertados tiros les era complicado. A veces tan solo hubieran atinado si hubieran tenido en frente una red de canastas. Al fútbol…también jugábamos, pero…al no ser catorce jugábamos con otros chavales. También las chavalas se animaban. Incluso, en ocasiones demostraban más destreza que los chicos.

Algunas tardes la pelota rodaba cuesta arriba y cuesta abajo en la empinada calle del barrio. Teníamos que estar atentos pues si decían el nombre de uno, este debía recoger aquella esfera entre las manos, lanzarla de nuevo cuesta arriba y gritar otro nombre. A veces solíamos hacer algo de trampa diciendo el nombre lo más tarde posible. Si el asignado aquella tarde en decir “tiempo” decía: ¡tiempo!, aquel que tuviera entre sus manos el balón quedaba eliminado. El último en quedar era el victorioso. En alguna que otra ocasión ser el victorioso había significado para nosotros elegir un juego nuevo. Una vez reunimos todas nuestras fichas de dominó y las fuimos colocando firmemente una por una. Al dar a la primera un ligero toque fueron cayendo una tras otra en cadena haciendo que la gran espiral se viera de otro modo. Nos divertíamos.

El juego al que más me gustaba jugar consistía en lazarnos la pelota y si aquella nos había rozado el cuerpo exclamábamos: ¡muerto!, ¡muerto¡ Si la cogíamos en el aire ganábamos vidas. Era un juego en el que saltábamos, corríamos, nos tirábamos por el suelo… Éramos como animales, gatillos danzando entre los patios de la vecindad.  Siempre, sin excepciones, teníamos la oportunidad de estar en aquellos patios. Me hubiera extrañado mucho si las puertas de esos portales no hubieran estado abiertas en algún momento. A uno de los patios dejamos de ir. Olía mal, era… como tener todo el campo concentrado en ese olor. Era muy fuerte, agrio y cítrico al mismo tiempo, irrespirable. Yo al menos no lo aguantaba. Ese olor salía de la puerta completamente abierta de una de las casa. Supimos que era incienso de laurel negro. ¿En serio era para perfumar la casa?, pero allí dentro ¿eso dejaba respirar? Creo que no dejaría ni pensar. No me gustaba. Los mayores…Muchas veces no les comprendía. En las naves abandonadas del polígono viejo también había un olor extraño como a leña quemada que dejaba tarumba la cabeza.

En el campo también solíamos jugar. Construíamos cabañas, nuestras cabañas. La mejor de todas era la más cercana y la más simple. Únicamente habíamos puesto algo de ingenio para realizarla, el techo. Bueno el mantenerla también requería algo de atención. Cosas de la naturaleza. Los mayores no sabían nunca realmente por donde andábamos, pero también se trababa de eso; aunque, en verdad, sabrían que estábamos bien.

El escondite era uno de los juegos favoritos, todos absolutamente todos siempre querían jugar. Para escondernos, íbamos entre los laberínticos subpórtales. Allí, en penumbra, solo existía el blanco y el negro. Incluso el suelo casi valía como escondite. Era muy intrigante. Pero… ciertamente, debíamos tener cuidado. Perros y los gatos vagabundos rondaban por allí y molestarlos no podía ser bueno. Las columnas eran para nuestro juego del escondite una eficaz y graciosa construcción, pues girar sobre ellas para evitar ser descubierto era motivo de gestos entre nosotros. A veces acabábamos apelotonándonos en un mismo lugar, ya fueran aquellas columnas u otros huecos. Lejos hacían eco nuestras risas. En pleno juego, si el último, muy bien escondido, audaz y fugaz, lograba llegar al lugar en el que había comenzado la cuenta atrás burlando al contrario, decía: “por mí, por mis compañeros y por mí primero”. Por si acaso, no quedaba claro el “por mi primero” reafirmaba que uno mismo también se había librado. Pletóricos acudíamos a nuestras casas a por algo de merienda si es que no la llevábamos encima. Entre pan comíamos mortadela, chorizo, salchichón, chocolate…,otros galletas, otros solo pan o solo chocolate, otros un poco de todos. Así, juntos andábamos pasando el tiempo. Nuestras vidas eran a todo color o al menos para nosotros; no necesitábamos grandes cosas. Conscientes de lo importante, teníamos lo importante. Nuestras sonrisas, aunque muecas simples, así, lo demostraban. El día en sí, aun teniendo que ir a la escuela, era de recreo. Viviendo el momento… éramos pequeños, vivíamos, éramos... Una tarde alguien había hecho referencia al tiempo…pero… eso, no lo comprendí bien. Los suficientes, sin en cambio, parecía que sí y estaban dispuestos. El juego había comenzado. El resto… también parecía no querer jugar. Pero…solo lo parecía. Me vi sorprendido, y corrí… Me vi sorprendido escondiéndome… Pero ¿cuáles eran las reglas?. Yo no las había comprendido. ¡Cruci! Me pareció escuchar. Yo, seguía sin saber cuáles eran las reglas. El juego había comenzado. Estaba en el mar, en la tierra y en el aire; todo era juego. ¿Pero cuándo termina?, ¿era mi papel el quedarme allí quieto agazapado?, ¿cuál era mi papel?. Mi mente no estaba en blanco, pero desconocía cuál era mi papel en aquel juego. ¿Ayudarte a ti?, ¿yo?, ¿vamos juntos?, ¿voy solo?, ¿cómo?, ¿salvarme yo? ¡Tú no puedes ayudarme a mí, sin ayudarte a ti!, ¿eso lo entiendes? ¡Cruci, cruci!, me pareció escuchar de nuevo. El juego había comenzado. ¡Tú me has disfrazado…me has disfrazado…! Y así intente…Yo…Yo…le llamaba, y gritaba su nombre…pero… como si sordo estuviera o no escuchase salvo lo que quería, no escuchaba. No atendía. ¡Cruci, cruci!, le gritaba. Pero no…no…no me escuchaba. Y yo le llamaba y le llamaba y le llamaba… ¿Lo escuchas?, ¿cómo ibas a escucharlos si no cantan?. No los veré, no los verás… ¿me escuchas? Dime… ¿cómo el tiempo de juego no es mi tiempo? Solo tú tienes la respuesta…¿no lo comprendes?. ¿Cuál es la diferencia?, ¿es que no me escuchas? Yo quiero mi tiempo…alguien juega con mi tiempo… conmigo…mi juego… Allí, en verdad, no quería ser visto, ni ver. No quería ser escuchado, ni oír; no quería estar…yo no quería estar allí. Ese tiempo… para mi no era tiempo. Y entonces grite diciéndole: ¿has perdido la cabeza? Pero no se oía nada. Nada que fuera la respuesta. ¡Respóndeme!, ¿cuál es la respuesta?, ¿es rezar?, ¿rezar? En mi rezo, la súplica. En el eco se había perdido el sentido. Y yo estaba allí, también sin sentido. La pérdida lo tenía. La irreparable pérdida tenía el sentido y eso era irreparable. Había comenzado. Y…desde el comienzo sabían que el color verde abandonaba pronto de la partida. Yo, aun cuando lo estaba viendo ya lo había olvidado. Entonces escribí en un papel: el verde se pierde cuando se encuentra entre el blanco y el negro siendo en verdad ni blanco ni negro sino gris. Después seguí gritando. ¿Lo escuchas?, ¿lo escuchas?. ¡Es el comienzo! ¿No te conmueves?, ¿Estás dormido? ¡ójala yo estuviera soñando! Y aunque pareciera no escucharme le seguía gritando: ¡Tú!, ¡no te reconozco! ¿y el motivo?, ¿es que crecí? ¡estoy confuso! ¿cuáles son las reglas? ¡Escríbelas! ¡Escríbelas! ¿cuándo… se para… el tiempo? A él, al tiempo, yo sí lo sentía, era masacre, miseria, fobia… odio, amenaza, miedo, destrucción, pérdidas… desolación…supremacía…  ¿ese el recuerdo que quieres escribir en este papel? ¡Tú, eres tu propio espanto! ¿por qué te empeñas en buscar la diferencia? ¿en interrumpir la vida? La vida. ¡Eres tú! No eres fuerte, esa es la verdad. ¿Por qué te empeñas?, ¿por qué te empeñas en buscar la diferencia?, ¿me escuchas? Entonces… el juego ya había comenzado… ¿escuchas?. Alguien se acerca. ¿Le escuchas cómo se acerca?. Yo sí, lo escucho, no estoy sordo, lo escucho…pero no lo entiendo… y siento que desearé no seguir…no quiero jugar…no lo quiero… lo espectacular…la decadencia… el sufrimiento... No…no, puede ser ese el motivo, yo no tengo intereses…No me engañes. Yo le escucho y sé cual es su nombre. Él contestaría que olvidé aferrarme a mi mismo, a mis sentimientos, al afecto por mis seres queridos decidiendo atender las órdenes y pensar en las fronteras… en Dios. En todo menos en recordar mi nombre. Olvidé ser neutral… ¿olvidarme de lo importante…olvidarme de pensar…? ¡NO!, no te nombres como tal…me diría; eres otra cosa. Si participas, eres otra cosa. ¿dejas que participen? Eres otra cosa… ¿por qué no le hablaste antes de mí para que supiera su nombre? Él, ya viene… No puede ser verdad… ¿lo ves? Está ahí, me ve, lo hará, está dispuesto. ¿Y si me hiere?,¿y si no disparo?, ¿y si me hace prisionero?, ¿Cuál es la regla? Dispararé…yo no perderé. ¡Tú!, ¡tú!, perderás. Seré de los vencedores, de los que obtienen la victoria… (un largo silencio) ¿Y las fotos? He perdido las fotos, dónde están mis fotos, mi padre… mi hermana… dónde están…dónde están…quiero esas fotos, necesito esas fotos… mi madre… Entonces él ya estaba cerca. Note su respiración y me dijo al oído: ¿no te es vergonzoso pensar en el recuerdo, en la tranquilidad de esa casa, en el amor de tu familia…?, ¿en la vida?, ¿no te es vergonzoso seguir pensando? Tripas, deberías comer tus propias…tripas. Intolerancia y violencia y hacer las cosas mal…ese es el asco. Dios mío… respiré, respiré … Y entonces comprendí, él también me había escuchado. Me levanté y le dije en susurro: que no jueguen con lo que no es un juego. Yo no querré jugar, pues será perder aún creyendo haber ganado. Y entonces quise escribir en el papel: el…ya, no hizo falta. Me aseguré de que las fotos estaban allí, en mi cartera. Sí que estaban. Estaban donde las había dejado y respire tranquilo. Toda mi cartera la tenía en orden. Salí de mi escondite. Los demás me preguntaron qué hacía y si estaba listo. Listo para qué les pregunté, comprendí que se referían a ir a la escuela. Y pletórico, les respondí que yo siempre estaba listo para aprender cosas nuevas. Como de costumbre querían ir corriendo. Y entonces les grite que teníamos tiempo, que no era necesario que corriéramos. Ellos deseosos de salir escopetillados como gatillos salvajes no me comprendían. Ni si quiera yo me comprendía. Quieto les pregunté: ¿podemos ir caminando tranquilamente hoy? Decirme ¿podemos ir tranquilamente hoy? Sus caras eran la respuesta. Entonces… yo salí corriendo mirándoles ¿queréis jugar?, les grité desde la distancia. Escuchaba sus risas. Abrí mi cartera para cogerlos, había llenado lo menos siete u ocho y de todos los colores. El color verde ya se veía por los campos y con él, aun vendrían días más calurosos. Queríamos jugar. Nuestro juego había comenzado. Jugábamos.

lunes, 5 de marzo de 2012

¿Qué es sino el escrito un instrumento multicultural?
En ello comprendo la importancia de la escritura, de los escritores. Unos escritores que con sus escritos trasmiten unos pensamientos ofreciéndonos la posibilidad de observar los contrates y las similitudes culturales. Escritores que interfieren en el cambio de mentalidad, en la renovación, en la interconexión.
Escritos con los que comprendemos el vertiginoso cambio que continuamente vive
el ser humano, pero que a su vez, nos dan cuenta de lo más importante y menos efímero: lo permanente en él, él sin fronteras.

Escritos que nos muestran la brujería de la escritura, que nos llevan a un instante concreto a través de los tiempos. Escritos con los que somos capaces de alejarnos del aquí y el ahora. Que nos hacen concretar que cuando todo se traduce en regalo comprendemos la sutil magia de la palabra escrita.
Un instrumento cazador de unas ideas que hace nacer nuevas ideas y que nos lleva a pensar en lo infinito y en todo lo que se esconde tras ellas. Palabras que hablan sin hablar. Y con ello, la intención del título de este blog “haches de muda” como esa visión infinita de la escritura, pues la hache en el escrito hispánico es la única letra que presente físicamente no interfiere en la forma hablada, pero ahí está presente en la escrita. Una escritura que tiene un algo infinito pero siempre necesita y ha de apoyarse en lo finito. Lo inmutable e invisible dentro de lo mutable y físico. La hache se convierte en lo escondido, en la idea de una aparentemente transparente escritura.

Qué gran importancia, pues dejando constancia circunscribe lo interior y lo exterior. Y a fin de cuentas, un elemento más que nos muestra el fugaz pasar de la vida ante nosotros. Si, mi gran enemigo: el tiempo.

Libros de diferente finalidad entre las manos y concretando:
    ¡Soy un círculo en el rodeo de la vida!, ¿qué no me crees?¡Verás: soy vida en la vida y mañana llegaré a ti de forma diferente¡.

Darle las gracias a la escritora Consuelo Triviño por su conferencia y por las recomendaciones de la obra Pedro Páramo del escritor mexicano Juan Rulfo, del escritor Fernando Pessoa para cuando tengamos más de cuarenta años…y de Mario Vargas Llosa “Consejos para un buen escritor”. A la vez agradecerle el recordatorio de que el libro es un medio de felicidad, de originar nuevas experiencias y de abrir la mente. De la necesidad de ser gran lector para ser gran escritor. Y aunque no lo dijo explícitamente, sí hizo posible concretar que la tarea constante de lectura y escritura es un secreto para ser GRAN…DE. Grande para comprender, para hacer comprenderse.